Puntos de guía hacia tu destino: ¡La felicidad!
Veo con perplejidad
las diferentes formas en que los seres humanos han tratado de
interpretar la vida y el universo, y cómo han buscado la forma de
comportamiento que garantice una mejor vida después de la muerte. He
estudiado muchas filosofías, he sido miembro de la Orden Rosacruz
(AMORC) por diez años, he vivido de la formulación de cartas
astrológicas, he practicado Kriya yoga, meditación, Tai-Chi, he
estudiado y echado el Tarot, y tomado el Curso de milagros dos
veces durante mi búsqueda personal. He llegado a un punto en mi
vida en que me siento cómoda en mi propia piel y tengo el estilo
de vida que me gusta y tengo grandes expectaciones de felices eventos que se han de presentar en mi experiencia
física. Con el
tiempo he descubierto que las reglas más profundas no son reglas
en sí, sino tendencias naturales aunque latentes y que están a nuestro alcance. Son parte
de quienes somos y siempre han estado dentro de nosotros para que
nos dejemos guiar por ellas.
Si esto es cierto, ¿por qué hay tanta miseria en el mundo?
¿Cómo es posible que cometamos los mismos errores ya antes
cometidos en nuestra historia? ¿Por qué existen guerras,
pobreza, hambre, drogas, crimen, crueldad hacia los seres humanos
y los animales? Todo está relacionado con hábitos nocivos de
pensamiento. Los hábitos se aprenden, los mantenemos, los
cultivamos, y vivimos regidos por ellos cuando no conocemos nada
mejor. De pequeños escuchamos a nuestros padres recitar reglas,
ya fueran o no conducentes a una existencia feliz. Y aprendimos de
ellas. Aprendimos a buscar aprobación, a complacer a los demás, y
a olvidar que somos seres divinos llenos de sabiduría. Olvidamos
que hemos venido a esta experiencia física a ser los felices
creadores de nuestra propia realidad. Somos espíritus pasando por
una vida física.
Lo más bello de nuestra experiencia es que las reglas para vivir en
bienestar son tan simples.
Observa a un bebé.
El bebé espera recibir lo que desea. Si no lo tiene de inmediato,
lo dará a conocer de manera muy audible. Arrugará la carita,
cerrará los puños, y gritará. Se sabe merecedor simplemente por
estar en el mundo. El bebé no sabe manipular, o complacer a otros
para recibir algo a cambio. Pero es solo cuestión de tiempo ya que
los adultos a su alrededor se encargarán de enseñarle a pensar en
error.
Podemos ser como niños.
Si asumimos que cada paso que damos es como encender una cerilla,
podemos conseguirlo todo.
¿Encender una cerilla?
¿Qué relacion hay entre encender una cerilla y un niño?
Cuando tomamos una cerilla
y la hacemos chocar contra el lado áspero de la caja, esperamos
ver una llama. Nunca pensamos “me pregunto si habrá llama.”
Esperamos que la haya y no tenemos ni que pensarlo. Supongamos que
las cerillas están húmedas. Bien, buscaremos otra cajita. No hay
problemas. En un 99.9% de los casos, obtendremos una llama.
Somos merecedores.
Las cosas nos van bien si eso es lo que esperamos. Si podemos
sentir la pureza de este principio, todo nos irá bien.
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