Enciende tu
luz interna
La mayoría
está de acuerdo conque es mucho más fácil amar que odiar.
El amor surge naturalmente, pero el odio se alimenta de
nuestra energía vital para vivir. El odio está relacionado con
la ira y la venganza, mientras que el amor se relaciona
con la felicidad, la gratitud, y el placer.
La ira tiene su lugar.
Al menos nos ayuda a deshacer el nudo de la tristeza. Si
pudiéramos convertir las lastimaduras emocionales en ira
--no tenemos que permanecer en ese estado-- nos ayudará a
dar el próximo
paso hacia un sentimiento más cómodo que nos acerque a la
dicha.
Porque hay más poder en la ira que en la tristeza.
Es fácil amar a un niño pequeño,
a una persona adorable, o a una anciana dulce, pero hay
personas que nos dificultan quererlas. Puede ser la
huraña cajera del banco, o el dependiente amargado del
mercado. Les damos los buenos días y obtenemos un gruñido
por respuesta. Tal vez decidamos evitar a estas
personas la próxima vez y dirigirnos a otro cajero o
dependiente más risueño.
Pero es muy distinto cuando tenemos que vivir
con uno de estos individuos difíciles de amar. ¿Y si uno
de ellos es nuestro compañero de trabajo? ¿O nuestro
cuñado? Forman parte de nuestra experiencia física y no
podemos ignorarlos. Suelo referirme a este tipo de persona
como “amarios” (amante en el armario.). En inglés los
llamo “clovers” (closeted lovers).
Hay quienes toleran bien a los amarios.
El tolerar desperdicia nuestras energías. Miramos a estas
personas con resignación, y pensamos “esto será
cosa del
pasado un día,” y seguimos a nuestros asuntos. Nos
arriesgamos a perder la calma de cuando en cuando y a
tener pequeñas escenas con los amarios que nos rodean.
¿Qué opciones tenemos?
Hay quienes responden de la misma manera.
“¿Conque estás de mal humor?
¡Fíjate en mi!
¡Puedo darte lecciones de mal humor!” Este tipo de
reacción es infantil, pero popular entre gente de todas
las edades. Es lo que hace un adolescente cuando se
encuentra cara
a cara con un amario, lo cual lo convierte a su vez
en un amario.
Podemos optar por amar
a esa persona desagradable. Es cuestión de saber
que los amarios simplemente han perdido contacto con
quienes realmente son. Si escogemos nuestros
pensamientos, escogemos nuestros sentimientos. Al hacer
esto optamos por la liberación y la felicidad.
Porque, queridos amantes, el ser amario es contagioso,
pero el ser amante lo es aún más.
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