
Nuestro ser interno es naturalmente feliz. Nosotros mismos
bloqueamos nuestra propia luz. Esa parte nuestra que conoce su
conexión con todo lo que es, siempre está en un estado de
euforia. Debemos dejar que esa parte nuestra actúe sobre
nuestra experiencia física.
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Feliz como el ser interno
Como terapeuta, he visto de todo. He tratado tanto a
criminales como a suicidas, desde esquizofrénicos hasta quienes
sufren de “trastornos de la personalidad” y he intervenido en
todo tipo de situaciones críticas. He aprendido mucho de todas
estas personas en su sufrimiento, y también he aprendido de mis colegas.
Recuerdo cuan impotente me sentí un día, en que apenas empezaba
a trabajar como terapeuta en una agencia. Tenía la sensación de
que uno de mis clientes tenía ideas suicidas, pero no podía
justificar mi instinto de recluirlo para mantenerlo en
observación y antidepresivos. Una corazonada no era suficiente
para obtener ingreso en el hospital psiquiátrico. Dejé la sala
de consulta por un momento para consultar con una terapeuta
veterana. Lo que me dijo me sorprendió por un segundo, pero
enseguida comprendí lo que quiso decirme con una sola palabra:
--Irrítalo.
Pude valerme de algo en su actual situación para provocar
un poco de irritación –evitando predisponerlo hacia alguien en
particular para no convertir a un suicida en un homicida—Me las
arreglé para irritarlo hacia su situación en general hasta el
punto en que reemplazó sus sentimientos de impotencia con una
buena dosis de ira, y esto lo ayudó a sentirse más en control.
Pronto mi cliente empezó a sentirse mejor y después de varias
sesiones, no me necesitó más. Había podido tomar pasos
paulatinos hacia la felicidad. Pero aquel día en que dejó mi
oficina irritado, la felicidad no era su meta. No era posible
para él llegar a la felicidad desde un punto de impotencia, pero
desde la irritación el camino se le hizo mucho más llano. Pudo
tomar control, y cambiar la ruta de su viaje.
Algunos terapeutas calificarían mis actos como
irresponsables. Pero yo sabía que no lo eran. Al reconocer el
poder que encierra el presente y nuestra capacidad de crear
nuestra propia realidad, supe que mis días como terapeuta
tradicional terminarían pronto. Mi técnica actual no es
psicoterapia. Es algo muy diferente. Funciona mejor y con más
rapidez. No hubiera necesitado obtener diplomas para desempeñar
esta labor porque era algo natural. |